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domingo, 14 de enero de 2018

Mi niña

El pasado me persigue como una ortiga persigue a la niña que llevo dentro, a mi niña, mi interior, el profundo agujero de donde salen las flores, ella me esparce las semillas, las cuida, ella me canta melodías, me poda las hojas. A mi niña le persigue una ortiga, ayer me llenó de sangre el estómago, anduvo sobre un rosal descalza, me dijo que no creía que una flor pudiera hacerle a penas un rasguño. Le pidió perdón por haberlas pisado. A mi niña le persigue un monstruo y ella solo quiere abrazarlo. Ella solo quiere curarlo, arrancarle la espina que daña su corazón, que daña el corazón de todos los monstruos, que daña el corazón de todas las personas que odian.
La des-humanización me atormenta, me empuja como un huracán se lleva las hojas secas, hacia donde él quiera, ¿A caso hay algo más injusto que nos caiga a todos la lluvia por igual? Sin distinguir entre los que están en refugio y los que no. ¿Algo más injusto que el karma? Para los que ya se sienten culpables, que lo hicieron sin querer, que se resbalaron...
Mi niña me recogió el pelo con un lazo, así todos podrían verla, pero a mitad de camino se escondió, era ella la que no quería ver. No quería ver lágrimas escondidas en un saco de papel, no quería ver la ira en los ojos de la gente, no quería ver los árboles por el suelo, el frío en los huesos, la indiferencia en la calle, el sufrimiento, las llaves de las casas, pero no de los hogares. No quería verlas y mucho menos quería verlas en mí.

miércoles, 19 de julio de 2017

Tiritas grandes para heridas pequeñas

Hace tiempo que canto a escondidas las canciones que me invento antes de dormir, pero siempre me descubre alguien. Mis escondites son obvios, un lunar, una peca, unos ojos llenos de lágrimas...Me descubren porque me muerdo la lengua antes de hablar y pienso: "No cantes, no cantes, no..." Todos saben que escondo algo, pero también saben que está escondido.
Dejé el mapa en el centro de la ciudad, es un laberinto tan complejo que nadie sigue intentándolo.
Te dejé andar por mis costillas, sin zapatos, con los pies sucios, haciendo piruetas y andando de puntillas. A veces eras tan sigiloso que no sabía que estabas ahí, pero estabas. Llevabas un bote de tinta pequeño y llenaste mis huesos de jeroglíficos, nunca supe lo que significaban cada uno de ellos, pero mi cuerpo se convirtió en una obra de arte desde aquel entonces.
Dormías en un rincón de mi cuerpo mientras yo intentaba descifrar cada uno de los enigmas que traías, era como poner en bucle una de esas canciones que despiertan en ti emociones distintas cada vez que la escuchas.
Pero la radio se rompió en el estribillo y la canción dejó de sonar, las cosquillas eran escalofríos y la tinta se derramó. Ahora tengo una mancha negra, triste y tóxica que solo se va con el tiempo. Solo hay que esperar y cuando la mancha esté limpia seguiré viendo en mi cuerpo los dibujos misteriosos que tanto me han hecho cantar.

martes, 6 de junio de 2017

Las raíces del amor

Me he enamorado del viento, de como mueve las hojas en otoño, como esparce los olores y aletea el pasto, de como bailan las flores a su paso, como ayuda a volar a las mariposas y suena, de como canta y ruge, de la brisa marina y el olor a sal.
Me he enamorado de la tranquilidad y la calma, de una cama cómoda, fresca y acogedora. De unas sabanas de seda y muebles de mimbre. De la paz. De las direcciones en el subconsciente y los mapas en linea recta.
Me he enamorado de la sombra en agosto, del sol de diciembre, de los atardeceres, de la tierra mojada, de pasear con normalidad, y de las siestas bajo el sol de junio.
Me he enamorado del sueño, de soñar, de la gente amable, de la gente feliz, de los agradecimientos, de un tono de voz suave y de una risa contagiosa.
Me he enamorado de tantas cosas, pero sobre todo de ti, que has nadado sobre cada una de ellas, empapandote y empapandome a mí del viento, del mar, de la tranquilidad y la naturalidad, porque todas ellas albergan en ti.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Pájaro de mar: Submarino

Me dijeron que nací con un submarino en el estómago
aquel día llovió demasiado
pero yo no me mojé.
Tengo flores allí dije, por favor no las quemen
pero las quemaron.
Y me desterraron a una isla llena de gente
Tengo un submarino que guarda mis lágrimas dentro
y claro
se hunde.
Que decepción ver el final de mi película favorita
yo pensé que no todas las cosas tenían final
sobre todo mis preferidas
porque en los finales siempre muere alguien
son felices y comen perdices
las matan.
Yo sigo escuchando una obra teatral que sala mis heridas
porque escuece.
No todo el mundo puede ser astronauta
pero absolutamente todos
vemos la luna.
Lo mismo pasa conmigo
todos ven mi enérgico sentido del humor,
agrio 
y patético
pero el interior de mi submarino es un laberinto farragoso y anárquico
del que solo se sale
empapado de lágrimas.


domingo, 30 de abril de 2017

Un dragón que vuela

¿Quien va a cortarme a mi las sogas? 
La luna está creciente, y yo soy una libélula 
una libélula porque aleteo más de la cuenta, 
que cualquier pájaro que vuela, 
vuela hasta donde sea con un simple aleteo, 
limpio y corto.
En cambio yo, que soy una libélula 
tengo que esforzarme en aletetar tantas veces como pueda
para mantener el vuelo y no caerme. 
Los pájaros son suertudos, ellos no miran atrás. 
¿Quien se va a enamorar de una libélula cuando hay pájaros en el cielo? 
Yo que hablo en metáfora y siento en metáfora, 
que la tristeza me tiene un hueco reservado en su corazón 
porque yo soy la viva imagen de su melancolía
solo florezco en primavera para romantizar una decepción y hacerla flor. 
Cuéntame que no has sido capaz de podarme el pelo, 
que en mi jardín me falto yo,
que las sogas se cortan cuando hace calor
pero siempre alguien las puede desatar.

domingo, 19 de febrero de 2017

Algo que deja mucho que decir

Que pensaría yo de mí, hace dos días, hace dos años, hace dos siglos; si no estaba viva, igual que ahora.
Que pensaría yo de mí si me enterara de que acumulo en mi pelo los trocitos de hojas seca que deja la tristeza, si guardo las sobras de los recortes y recojo alas rotas.
Que pensaría yo de mi cambio de mirada, de mis ojos aplastados por la lluvia, de mi nariz perdida por oler la primavera, de mis ganas que mueren cuando me levanto de la cama y pienso en que aún queda mucho para que deje de llover.
Que pensaría de mí si me enterara que como sin hambre, oigo sin escuchar, que escribo sin ganas, duermo sin sueño, sueño solo durmiendo y vivo en medio de un volcán extinto que me susurra que tarde o temprano quemará mi cuerpo.
Si me queda por exprimirme medio corazón, pero de ahí ya no sale nada. Si nada para mí era la palabra más fea del mundo y ahora reina todos los títulos de mi diario.
Que pensaría de mí, si llevaba la utopía por bandera y ahora levanto una tela blanca pidiendo una paz conformista en la que me conformo con no recibir golpes.
Si me cambio de acera con tal de que me de un rayo de sol, olvidando a donde iba. Recojo pétalos del suelo y construyo una nueva flor: simple, diferente, reconstruida, marchita...
Si no respondo al teléfono con mi nombre por miedo a que reconozcan mi voz, si no sé dónde van las tildes, en que parada me bajo, cuantas cucharadas le echo a mi café, si no sé donde están las llaves, dónde está mi calle, donde estás tú.
Que pensaría yo de mí si me dijera que todo esto está pegado a mis costillas, al lado de mi corazón, bajo un candado del que me he tragado la llave y no pienso abrir.